José García Nieto y el misterio de la poesía en seis inéditos.

08/07/2014

En el centenario del nacimiento del poeta y premio Cervantes, se publica una antología de su obra con prosas poéticas (el enigma de la literatura) y una carta dirigida a su nieta sobre la esperanza.

Toda pasión es temblor. Y un juego de preguntas a lo matrioska. Eso incluye el misterio de la literatura y el enigma de la poesía en los que tanto exploró José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2011). Versiones de esas preguntas, reflexiones y pasiones acaban de hacerse públicas con motivo del centenario del nacimiento el 6 de julio de un poeta sobre el que parece haber caído un velo y que ahora se quiere descorrer. Son seis textos inéditos en prosa poética, como colofón de una nueva edición remozada de su antología Poesía (Fundación Banco Santander) que tiene un emotivo regalo, al final del todo y para todos los tiempos: Carta a una niña pequeña:


“El mundo que te rodee no sé cómo será. Mi amor no te pedirá nunca nada, ni siquiera el recuerdo si el recuerdo se ha borrado”.


Palabras de García Nieto, premio Cervantes y académico de la RAE, dirigidas en una carta a su nieta Sara para cuando ella tuviera diez años, veinte años, treinta años, o más. Cuatro páginas escritas a máquina que son una lección de sabiduría y sentimientos que merecen ser leídas y compartidas… La primera en hacerlo ha sido Sara, aquella niña que se abrazaba a las piernas del abuelo, al leer la carta al público que asistió al homenaje a su abuelo en el Instituto Cervantes de Madrid, en uno de cuyos pasajes él dice:


“Las cartas no son de nadie. Ni de quien las ha escrito ni de quien las recibe. Las cartas son el ademán de un alma en vilo que nadie puede retener, del que nadie puede apropiarse. (…) Acaso te refugies en estas líneas cuando te encuentres de vuelta de todas las palabras y estas mías te suenen como ajenas o impertinente”.


Antes de llegar y continuar con este regalo en el libro, uno de los escritores que más contribuyó a quitar el polvo y los escombros que habían caído y pretendían asfixiar la creación después de la Guerra Civil española escribe sobre el misterio de la escritura. Sobre de dónde viene, cómo aparece y para qué sirve esa luz poética que deja filtrar la vida en las personas. De los nueve artículos publicados en este volumen seis son inéditos: Creo en la poesía, ¿Debo escribir?, Belleza con esfuerzo, Verano de septiembre, Hago de sobresaliente de espadas… y Texto para una poética. Los otros tres parecieron en los años 50 en el diario ABC: Poesía… ¿eres tú?, Jueces para un premio de poesía y El oficio de escritor.


“Creo que no se puede explicar un poema; mucho menos, lo que entendemos por poesía. Si, por otra parte, la poética tiene que preceder a la poesía, hay que recordar lo que dijo Unamuno: ‘La poesía es cosa de postcepto, no de precepto”. Es lo que pensaba el autor de obras como Tú y yo sobre la tierra (1944), Tregua (1951), Sonetos para mi hija (1953), Memorias y compromisos (1966) o Mar viviente (1989).


Era el poeta que veía su poesía como “duelos y quebrantos” y que temía perderla porque estaba convencido de que nada poseía la verdad; aunque sabía que vivía “en el engañoso artificio de esa posesión”. Un García Nieto de “gran generosidad” que desde revistas como Garcilaso, Canto o Poesía Española apoyó a varias generaciones, recuerda Joaquín Benito de Lucas, encargado de la introducción y selección de la antología. Para Paloma García Nieto, hija del poeta y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, en esta publicación se aprecia la evolución de su padre desde el principio “y contribuye a promocionar y difundir su figura y a enriquecer su obra”. Para Benito de Lucas, se trata de un poeta que estimuló la poesía “hasta extremos sorprendentes", y, asegura, que no hay otro poeta de su época que no quisiera publicar con él.


Y una y otra vez se veía acompañado de un corro repetitivo formado por dos preguntas: ¿para qué se escribe? y ¿por qué se escribe?. La respuesta, una de sus respuestas, decía García Nieto, está en que “los perseguidores de gloria saben bien que sólo es un fantasma que corre ante ellos, vago, desconocido y veloz, al que jamás podrán alcanzar ni conocer, el que nunca tendrá una medida satisfactoria para una acendrada y exigente vocación, el que siempre será sordo al grito apremiante que lancemos para su encuentro”.


Para hallar todo eso, para buscarlo, al menos, en la poesía como en todas las artes, García Nieto, escribe que es fundamental “la primera soledad y desamparo del artista en el acto de su creación. Un abismo se abre para él a los lados de la aventura. Tiene que caminar solo, sin meta esperanzadora, sin vecindad estimulante, sin apoyatura válida”.


Una vez escrito el poema y publicado la chispa se enciende entre el autor y el lector. porque es este último quien completa todo. García Nieto se muestra convencido de que un poema no se puede explicar, "mucho menos, lo que entendemos por poesía". Y la suya es la de un hombre que habló solo  en sus libros y que no se leía así mismo. Tal vez porque cuando se oía así mismo daba siempre con su tristeza. Una poética, dice, "es con frecuencia una ingenua aproximación a lo inalcanzable. En el mejor de los casos es una confesión, mientras se va la vida, arrancada de un potro de tortura".


Rodeado y motivado por el misterio de la literatura, de la poesía y acto de crear, José García Nieto tenía un espacio especial para su nieta. Se preocupaba por el futuro, en especial el de ella y por eso le escribe esa carta que ella leerá con los años. Una carta cuyo corazón está en el comeinzo:


"Sara, querida niña: Vas a vivir en un tiempo en el que yo no voy a estar, en unos tiempos, distintos, para los que te escribo esta carta. Pero hay cosas que son de siempre, como la soledad, o el amor, o la tristeza; también la esperanza. Procura no olvidar esta palabra, leerla en esas horas en las que yo no podré ya pronunciarla".


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